El problema
Tienes la cuenta abierta. La última publicación es de hace catorce meses. Alguien del equipo subió tres fotos cuando se creó y ahí se quedó, porque en un desguace el día se va en atender el mostrador, buscar piezas y preparar envíos.
Y mientras tanto pasa lo de verdad: la gente te escribe por mensaje directo. «¿Tenéis el faro de esta?», con una foto borrosa, a las once de la noche. Esos mensajes se quedan sin leer durante días, y quien pregunta compra en otro sitio.

Lo primero: los mensajes, no los seguidores
Si solo vas a arreglar una cosa, arregla esta. El mensaje directo de Instagram o de Facebook es una llamada, igual que el WhatsApp o el teléfono, y se pierde igual. La diferencia es que ni siquiera suena.
Lo que yo monto es que todos esos mensajes lleguen al mismo sitio que el WhatsApp y la web, con tu stock delante: se contesta lo que se puede contestar (si la pieza está, el precio, el porte, si se envía hoy), y lo que no, te llega apuntado con la foto y el modelo. Sin ir mirando cuatro bandejas distintas.
Qué publicar en un desguace (y qué no)
No hace falta inventarse nada: lo que interesa ya pasa en tu nave todos los días.
- El vehículo que acaba de entrar. Es la publicación que más preguntas trae: quien lleva meses buscando una pieza de ese modelo la ve y escribe.
- La pieza rara. La que no se encuentra en ningún sitio y tú tienes.
- El antes y el después. La pieza llena de grasa y la misma limpia y lista para montar.
- Lo que os han pedido y no teníais. Sirve para que te ofrezcan el vehículo que te falta.
- El envío preparado. Diez segundos de cómo embaláis. Es lo que convence a quien duda de comprar a un desguace a 500 km.
Y lo que no: no te voy a prometer que te hagas viral, ni comprar seguidores, ni publicar en tu nombre cosas que no has visto. En un desguace las redes no son para hacerse famoso; son para que te encuentre quien busca una pieza concreta y para que se fíe de ti.
Lo que haría yo
Que publicar no sea una tarea más, sino un subproducto de lo que ya haces:
- Cuando das de alta el vehículo o subes una pieza, queda preparado el borrador: la foto que ya has hecho y un texto corto con el modelo y los años.
- Te llega al móvil. Lo apruebas, lo cambias o lo tiras. Nada sale sin que lo hayas visto.
- Se publica a la hora que mejor funciona, no cuando te acuerdas.
- Los mensajes que entren por ahí caen en la misma bandeja que el resto, con tu stock al lado.
| Lo que ya haces | Lo que sale de ahí | Dónde va |
|---|---|---|
| Das de alta la moto o el coche que entra | «Acaba de entrar · piezas disponibles» | Instagram y Facebook |
| Subes una pieza poco común | Foto, modelo y años que vale | |
| Preparas un envío | Vídeo corto de 10 s del embalaje | TikTok |
| Te piden una pieza que no tienes | «¿Alguien tiene este despiece?» | Facebook · grupos |
Por dónde empezaría
Dos semanas, tres publicaciones por semana, todas sacadas de lo que ya entra en la nave. Y mirando una sola cosa: cuántos mensajes directos llegan y cuántos acaban en venta. Si en dos semanas no entra ni un mensaje, el problema no es publicar más: es otra cosa, y conviene verla antes de seguir gastando tiempo.
Si los mensajes llegan pero no das abasto para contestarlos, eso ya lo conté en qué puede contestar un asistente y qué no.
Mi solución: que las publicaciones salgan de lo que ya subes y los mensajes lleguen a un solo sitio
El borrador se prepara cuando das de alta el vehículo o la pieza, tú lo apruebas desde el móvil y se publica solo. Los mensajes de Instagram y Facebook caen en la misma bandeja que el WhatsApp y la web, con tu stock delante.